Por Luis Rivas | La izquierda española, entre la debacle y el futuro

«Descalabro», «debacle», «fracaso», «batacazo». Los resultados electorales de Unidas Podemos en Galicia y el País vasco desatan las críticas de sus excompañeros y de sus exaliados y obligan a Pablo Iglesias a definir su papel en el Gobierno español, del que es vicepresidente.

«Una máquina de perder elecciones»; el socialista y exvicepresidente de Felipe González, Alfonso Guerra, dejó dicho que un partido que ponía en marcha ese mecanismo entraba en una dinámica imparable. Guerra, ahora enemigo político de Pablo Iglesias, podría aplicar su frase a Unidas Podemos.

El partido que forma parte de la coalición que gobierna en España ha confirmado en el País Vasco y en Galicia la curva descendente que inició ya en 2016. Pierde sus catorce diputados en Galicia para convertirse en extraparlamentario y reduce a la mitad su apoyo electoral en Euskadi.

Podemos ha perdido fuerza en las últimas doce elecciones celebradas en España ya sean generales, autonómicas o municipales. Ha desaparecido de regiones como la ya mencionada Galicia, Castilla La Mancha o Cantabria. Y a pesar de la pérdida de 35 escaños en las parlamentarias del 10 de noviembre de 2019, gobierna a nivel estatal gracias al gabinete de coalición que le propuso un Partido Socialista débil en las urnas y que sobrevive en Las Cortes gracias al apoyo de Podemos y formaciones independentistas.

«Sectarismo, autoritarismo, burocratización»

 Los resultados electorales del 12-J en dos importantes comunidades autonómicas han permitido a los críticos purgados del partido lanzar los ataques más duros que guardaban desde hacía tiempo. Disidentes de antes y militantes de ahora coinciden en muchos puntos para explicar el desastre electoral de UP. Es quizá Ramón Espinar, uno de los antiguos líderes de la formación, quien ha resumido el sentir de muchos: «endogamia, incapacidad para llegar a acuerdos, sectarismo, agresividad indiscriminada contra los medios de comunicación, expulsión sistemática de la disidencia y el talento, burocratización que impide desarrollar iniciativas locales, autoritarismo…»

Es siempre fácil criticar y no es una sorpresa que las lenguas de los expulsados por una u otra razón se liberen tras una derrota de su exlíder, Pablo Iglesias, pero hay que reconocer que muchos de los antiguos compañeros de la aventura inicial de Podemos ya habían advertido del peligro al que se abocaba la formación.

Presentarse a unas elecciones autonómicas y decidir los candidatos locales desde Madrid, según el grado de cercanía al jefe del partido, era un riesgo que muchos denunciaron y que se ha confirmado. Carolina Bescansa, gallega, exdiputada de Podemos, de la que fue una importante dirigente, señala «la opacidad de los procesos internos» en UP y «el bloqueo a la militancia como fuente de propuestas políticas».

Entre las reacciones de otros exdirigentes destaca la de Íñigo Errejón, otro de los fundadores de Podemos, quien respondió a un tuit en la noche electoral afirmando que «Podemos no existe; se llama UP y tiene los resultados que siempre tuvo IU, (Izquierda Unida).

Los electores vascos y gallegos han preferido dar su voto a formaciones nacionalistas antes que a UP. El objetivo de Iglesias era derrotar al Partido Popular en Galicia y al también conservador Partido Nacionalista Vasco (PNV) en Euskadi, uniéndose a nacionalistas y socialistas. Las urnas reflejan el fracaso del plan.

En Galicia, Núñez Feijóo gana por cuarta vez consecutiva y con mayoría absoluta. En el País Vasco, Podemos pasa de 11 a 6 escaños y no podrá evitar que PSOE prefiera apoyar a un partido de derechas como el PNV —que le da su indispensable apoyo en el Parlamento nacional antes que integrarse en una coalición de izquierdas con los herederos políticos de ETA y Podemos.

Dos días después del descalabro electoral, Podemos no había evaluado aún en profundidad el sentido de los resultados, pero inevitablemente la reflexión pasará no solo por la autocrítica a la gestión autonómica, sino a su política dentro del Gobierno de Pedro Sánchez. Si, como algunos militantes quieren, el partido se escorar más a la izquierda, entrará en conflicto con el PSOE, pues Pedro Sánchez no va a permitir que Podemos le «robe» las decisiones de política social, que por otra parte corren el riesgo de diluirse si la Unión Europea, como está previsto, exige a sus socios una nueva austeridad a cambio de ayudas al relanzamiento post-COVID-19.

Corresponsable del «austericidio» o renunciar al poder

El propio exministro griego de Finanzas y antigua figura de la izquierda europea, Yanis Varufakis, manifestaba hace un mes que Podemos se ha convertido en una fuerza irrelevante tras formar parte del poder. «Pablo puede decir lo que quiera», dijo en Catalunya Radio. «Quizá no haya recortes ahora, pero en los próximos años el Gobierno se verá forzado a introducir la austeridad a los mismos niveles que Grecia durante la anterior crisis».

¿Le iría mejor a Unidas Podemos fuera de un gobierno obligado a aplicar un nuevo «austericidio»? Muchos de sus militantes así lo creen. Sueñan con volver a recobrar la ilusión del inicio, del movimiento 15-M escondido tras las moquetas de los ministerios. Renunciar al poder es difícil para una formación política y también como opción personal para los ministros de ese partido, pero abandonar el poder por principios es justificable y comprensible.

UP es indispensable para el PSOE, pero Iglesias sabe que si se mantiene al lado de Pedro Sánchez se hará corresponsable de unas medidas económicas y sociales completamente opuestas a lo que esperaba cuando se integró en el Gobierno de coalición. Dejar el Gobierno abocaría a nuevas elecciones generales, con la posibilidad de asistir una victoria de la derecha. Sería una manera de traspasar a los conservadores la gestión de la crisis brutal que se avecina. Y para Podemos —si es capaz de renovarse—, volver a la oposición como la «verdadera» fuerza de la izquierda.


LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE LA RAZÓN

Por Luis Rivas. – Excorresponsal de TVE en Moscú y Budapest. Dirigió los servicios informativos del canal de TV europeo EuroNews. Vive en Francia desde hace más de 20 años.