Cada consulta a sistemas de inteligencia artificial requiere procesamiento en centros de datos, instalaciones que pueden consumir agua para refrigerar sus equipos. Sebastián Ferrada, académico del Departamento de Ciencias de la Computación de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile, explica de qué depende este impacto y advierte sobre los riesgos de concentrar estas infraestructuras en territorios con escasez hídrica.
Le preguntamos a la IA -en este caso, Copilot-: “¿Cuánta agua usas para responder esta pregunta?”, y nos contestó: “No ‘uso agua’ directamente cada vez que respondo, pero los servidores y centros de datos que ejecutan modelos de IA sí pueden consumir agua, principalmente para refrigeración”.
Esta respuesta fue confirmada por Sebastián Ferrada Aliaga, académico del Departamento de Ciencias de la Computación (DCC) de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile y participante de la Iniciativa de Datos e Inteligencia Artificial (IDIA), quien añade que el agua se utiliza para enfriar servidores y equipos de cómputo en centros de datos porque “estos sistemas generan mucho calor al operar 24/7. En algunos casos, esa agua se evapora en torres de enfriamiento; en otros, se usa en circuitos de enfriamiento que luego requieren reposición o tratamiento”.
Por esta razón, aclara el académico, no es lo mismo utilizar el buscador de Google que usar los chatbots de los servicios de IA, porque “una búsqueda clásica en Google suele ser menos intensiva en cómputo que una consulta a un modelo generativo, porque el chatbot tiene que procesar el prompt, razonar con el modelo y generar una respuesta, no solo ordenar resultados. Una consulta a ChatGPT puede consumir alrededor de diez veces la energía de una consulta convencional de Google, aunque esas cifras varían según el tamaño del modelo, la longitud de la respuesta y la eficiencia del datacenter. De cualquier forma, actualmente Google usa por defecto un llamado a Gemini, lo que lo vuelve más caro en términos de cómputo”.
Aunque no hay cifras exactas sobre cuánta agua utiliza, por ejemplo, el centro de datos de Microsoft instalado en la comuna de Quilicura, cuyo suministro de agua proviene de una empresa sanitaria, el proyecto inicial de Google para un centro de datos en Uruguay contemplaba un consumo de 7,6 millones de litros de agua potable al día. Sin embargo, la iniciativa fue rediseñada y el proyecto aprobado utiliza un sistema de enfriamiento por aire.
El problema del agua en medio de la megasequía
Aunque las últimas lluvias registraron niveles históricos, especialmente en el norte, y mejoraron significativamente la situación del país, la sequía y el estrés hídrico aún no desaparecen. Pese a esto, debido a su conectividad y estabilidad, Chile sigue siendo un lugar atractivo para la instalación de centros de datos. De acuerdo con Sebastián Ferrada, “el agua que suelen requerir es agua para enfriamiento: idealmente agua industrial, tratada, reutilizada o, en algunos casos, agua potable o subterránea”.
Aunque en algunos casos es posible reutilizar el agua y ya existen proyectos que aplican este tipo de soluciones, “hay algunos data centers que usan aguas residuales tratadas o incluso soluciones que aprovechan el calor residual para calefacción u otros usos, reduciendo la presión sobre agua potable. El límite es que no todos los sistemas permiten el mismo nivel de recirculación: en enfriamiento por evaporación se pierde agua y hay que reponerla, mientras que otros diseños secos o híbridos usan menos agua pero suelen consumir más energía”.
En algunos países, los sistemas de refrigeración de centros de datos utilizan agua de mar, lo que podría parecer una posible solución. Sin embargo, el impacto ambiental también es importante, ya que el agua debe devolverse al mar y podría afectar los ecosistemas marinos. Por esta razón, los avances apuntan hacia tecnologías que reduzcan el consumo de agua.
El académico advierte que “el riesgo es real, sobre todo en zonas como la Región Metropolitana, donde la competencia por el agua ya es alta y el estrés hídrico es estructural. La preocupación no es solo cuánto consume cada instalación, sino el efecto acumulado si se concentran varios centros de datos en una misma cuenca o comuna. Un argumento fuerte para usar es que el problema no es ‘tecnología sí o no’, sino dónde se instala, con qué agua opera, cuánto consume por unidad de cómputo y si la comunidad comparte o no los beneficios”.
“En un país con sequía prolongada, una industria digital puede ser valiosa, pero si se alimenta de agua dulce escasa puede provocar conflictos sociales y ambientales”, aseguró Ferrada.