El paradigma de los embalses en Chile como estrategia de adaptación al cambio climático requiere una revisión a la luz de las nuevas condiciones hidroclimáticas. Tradicionalmente y a nivel global, la viabilidad de los embalses cordilleranos dependía de la persistencia de los glaciares de cabecera, cuya contribución sostenía gran parte de los caudales anuales. Sin embargo, el acelerado retroceso glaciar ha llevado a cuestionar la utilidad de estas infraestructuras en numerosas cuencas de montaña alrededor del mundo, debido a la disminución progresiva de la disponibilidad hídrica.
No obstante, el escenario actual (para el caso de Chile) también está marcado por la ocurrencia de eventos de El Niño más intensos, capaces de concentrar grandes volúmenes de precipitación en cortos periodos. Esta nueva realidad plantea una oportunidad para almacenar agua durante años excepcionalmente húmedos y asegurar el abastecimiento durante sequías prolongadas (que se sabe es la tendencia). En este contexto, los estudios para el desarrollo de nuevos embalses deben dejar de centrarse exclusivamente en la identificación de los ríos más caudalosos y orientarse hacia la búsqueda de áreas de drenaje que presenten condiciones geológicas y geomorfológicas favorables para maximizar el almacenamiento durante eventos extremos. Al mismo tiempo, será indispensable considerar que el transporte y la acumulación de sedimentos son los principales desafíos para la sostenibilidad de estas nuevas obras, ya que la pérdida de capacidad de almacenamiento podría convertirse en el factor limitante más importante bajo este nuevo paradigma.
Pablo A. Garcia-Chevesich, Ph. D.