| Por Ronald Salcedo G. | Subordinación encubierta

Antofagasta, enero 2026

En Chile se habla de “trabajadores” como si todos fuéramos iguales. Las cifras oficiales, los discursos públicos y los informes económicos nos agrupan bajo una misma categoría. Sin embargo, basta observar cómo funciona realmente el mundo del trabajo —especialmente en la minería— para constatar que esa igualdad es más aparente que real.

En la práctica, el trabajador es uno solo para producir riqueza, pero se fragmenta en múltiples categorías cuando se trata de derechos, estabilidad y protección.

Antes de 2007, previo a la regulación del subcontrato, la dotación propia de las empresas mandantes era mayoritaria. El subcontrato existía, pero no estructuraba el modelo productivo. La ley impulsada desde el movimiento sindical buscaba establecer límites y responsabilidades claras. Sin embargo, su tramitación terminó abriendo un amplio espacio para la externalización del trabajo.

Hoy, más del 70% de la fuerza laboral minera es subcontratada. El subcontrato dejó de ser una excepción y pasó a convertirse en regla. Pero el fenómeno actual va aún más lejos y adopta una forma más sofisticada: lo que podemos llamar subordinación encubierta.

La subordinación encubierta ocurre cuando trabajadores que formalmente pertenecen a empresas contratistas o de servicios transitorios operan, en los hechos, como si fueran parte de la empresa mandante. Usan su infraestructura, herramientas y vestimenta corporativa, cumplen sus protocolos y responden a sus jefaturas. A simple vista, parecen trabajadores propios.

Sin embargo, desde el punto de vista laboral y económico, no lo son. Tienen menores salarios, contratos más inestables, menos protección y una capacidad de organización debilitada. La diferencia ya no es visible: es estructural.

Este modelo permite reemplazar trabajadores propios por personal transitorio sin alterar la operación ni la imagen corporativa. Se mantienen los estándares, pero se reducen costos, se diluye la responsabilidad y se debilita el poder colectivo.

Así, el sistema ya no solo divide a los trabajadores: ahora oculta la división bajo una apariencia de integración.

La pregunta de fondo no es técnica, es política:

¿por qué aceptamos que un trabajador valga distinto según su contrato, aun cuando realiza el mismo trabajo, en el mismo lugar y bajo las mismas exigencias?

Nombrar la subordinación encubierta es el primer paso para enfrentarla.

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CON LAS DE LA REDACCIÓN 

Ronald Salcedo G. Presidente Federación de Sindicatos BHP Chile. Mantenedor Electrico de plantas procesadoras de cobre, presidente del sindicato de trabajadores de minera Spence y presidente de la federación de sindicatos de BHP en Chile. Miembro de la mancomunal de Tarapaca.