La violencia sexual digital no es virtual, es real

La violencia digital se ha consolidado como una preocupación de creciente magnitud, afectando mayoritariamente a mujeres jóvenes, niñas y personas de las diversidades y disidencias sexuales y de género. A diferencia de otras formas de violencia, en el mundo digital el anonimato de los agresores, la rápida viralización del contenido y su permanencia en el tiempo, amplifican los daños y profundizan los impactos emocionales, sociales y físicos de las víctimas, llegando en algunos casos a generar aislamiento, depresión o ideas suicidas. A esto se suman vacíos legales, falta de regulación por parte de las plataformas digitales, procesos investigativos complejos, marcos normativos insuficientes y poca claridad sobre los canales de denuncia, factores que contribuyen a la impunidad y desincentivan la denuncia.

Dentro de la violencia digital, la violencia sexual digital es una de las manifestaciones más complejas. Incluye prácticas como la difusión no consentida de imágenes íntimas, el acoso sexual en línea, las amenazas y chantajes para enviar contenido íntimo, y la manipulación de contenido con inteligencia artificial. Las víctimas suelen sentir vergüenza, culpa, ansiedad y miedo. 

A pesar de la creciente digitalización, existe una falta de reconocimiento sobre la seriedad de los daños que conlleva la violencia sexual digital contras las mujeres, los cuales son usualmente considerados como ‘no reales’ bajo la excusa de su ‘virtualidad’.

En el marco de la conmemoración del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, la Dirección de Igualdad de Género lanzó la campaña “La Violencia Digital No es Virtual. Es Real. Seamos La Clave Del Cambio”, con el propósito de prevenir y visibilizar la gravedad y la creciente magnitud de este fenómeno. Carmen Andrade, directora de Igualdad de Género, señala que “uno de los grupos más afectados son las mujeres jóvenes, porque es la generación que tiene mayor presencia en el mundo virtual. Ellas son justamente las que están en la educación superior, por lo tanto, no podemos hacer como si esto fuera algo esporádico e inofensivo. Por eso hemos impulsado una campaña que, junto con relevar un problema muy complejo, invita a la comunidad universitaria, especialmente a las y los estudiantes, a ser parte del cambio para erradicar estas conductas”.

¿Qué es la violencia sexual digital?

Según la Organización de Estados Americanos (OEA), «la violencia digital se entiende como toda acción o conducta basada en el género que cause daño físico, psicológico, sexual, económico o simbólico y que sea cometida, instigada o agravada mediante el uso de tecnologías digitales. En otras palabras, ocurre cuando la tecnología se transforma en una herramienta para ejercer violencia en cualquiera de sus manifestaciones».

Manifestaciones de la violencia sexual digital:

La violencia sexual digital puede tomar diferentes formas y realizarse en una gran variedad de escenarios, como las redes sociales, aplicaciones de mensajería, correos electrónicos o cualquier plataforma donde se comparta información. A medida que las herramientas digitales evolucionan, también lo hacen las formas de ejercer violencia. La conexión constante entre la vida online y offline hace que estas agresiones sean cada vez más frecuentes y difíciles de controlar. Por eso, es fundamental reconocerlas, detenerlas a tiempo y entender que detrás de cada pantalla hay una persona que sufre daños reales.

  1. Difusión no consentida de imágenes íntimas: Publicación o envío de fotos y/o videos sexuales sin consentimiento. Aquí encontramos dos escenarios posibles:
  • Que no haya consentimiento para la obtención y publicación del material audiovisual íntimo; o
  • Que la obtención del material audiovisual haya sido acordada, pero que no haya consentimiento para su publicación o difusión.
  1. Sextorsión: Chantaje o amenazas de divulgar material íntimo si no se cumplen ciertas exigencias.
  2. Ciberacoso: Mensajes, insinuaciones o envío de contenido sexual no consentido. Basta la existencia de un solo incidente para que éste se verifique (si bien puede estar conformado por diversos incidentes), y puede realizarse por uno o múltiples agresores de forma coordinada o esporádica.
  3. Deepfakes o manipulación digital de imágenes y/o videos: Alteración digital de imágenes para simular contenido sexual inexistente.
  4. Almacenamiento no consentido de material íntimo: Grabar contenido sexual sin consentimiento. Incluso en relaciones de pareja.

La magnitud del problema a nivel global

  • Más del 73% de las víctimas son mujeres jóvenes, y los hombres representan alrededor del 66% de quienes ejercen violencia en línea (“La violencia de género en línea contra las mujeres y niñas, Guía de conceptos básicos. OEA, CIM, MESECVI, 2023”).
  • En casos de difusión de imágenes íntimas sin consentimiento, el 90% de las víctimas son mujeres (La violencia de género en línea contra las mujeres y niñas, Guía de conceptos básicos. OEA, CIM, MESECVI, 2023).
  • 23% de las mujeres han experimentado acoso en línea al menos una vez en su vida, y se estima que una de cada diez mujeres ya había sufrido alguna forma de ciberviolencia desde los 15 años de edad  (REVM-ONU, 2018; EIGE, 2017. Amnistía Internacional, 2017).
  • Las mujeres entre los 18 y 24 años enfrentan niveles más elevados de violencia en línea, con un 27% más de probabilidades de ser víctimas en comparación con los hombres Informe (Ciberviolencia y Ciberacoso contra las mujeres y niñas en el marco de la Convención Belém Do Pará, ONU Mujeres y Comisión Interamericana de Mujeres, 2022).
  • Un 20 % de las y los jóvenes declaró haber sufrido amenazas o chantajes para enviar contenido erótico o sexual; y casi el mismo porcentaje fue amenazado o chantajeado con la difusión de materiales de contenido sexual en los que aparecían. Las mujeres reportaron con mayor frecuencia haber sido presionadas para enviar este tipo de contenido: un 28,5 %, en comparación con un 18,4 % de los hombres (La explotación sexual de la infancia y la adolescencia en entornos digitales; Save the Children, España, Julio 2025).
  • El 23% afirma que se ha publicado contenido personal sin su consentimiento al menos una vez en su vida, y una proporción similar dice haber sufrido acoso sexual en línea. (La violencia de género en línea contra las mujeres y niñas, Guía de conceptos básicos. OEA, CIM, MESECVI, 2023).

Chile: una realidad creciente

  • 73,8% de las mujeres ha sufrido algún tipo de violencia digital. (Informe preliminar Chile y la violencia de género en Internet: experiencias de mujeres cis, trans y no binaries, Proyecto Aurora, ONG Amaranta, 2020).
  • 36% de las personas encuestadas ha vivido esta forma de violencia, siendo las mujeres y personas LGBTIQA+ los grupos más expuestos (Consulta Ciudadana Virtual sobre Violencia Digital, Policía de Investigaciones y Subsecretaría del Interior, 2023).
  • Según esta misma consulta, el 66% de los agresores son hombres, y la mayoría de los casos ocurre de manera individual, sin redes organizadas detrás.
  • El 39% de las víctimas reportó afectación emocional, el 38% se sintió vigilada o insegura, y un 20% señaló problemas de autoestima (Consulta Ciudadana Virtual sobre Violencia Digital, Guía de conceptos básicos, Organización de Estados Americanos, 2023).
  • Un 16% indicó que su reputación fue dañada, y un 15% temió por su integridad física (Consulta Ciudadana Virtual sobre Violencia Digital, Guía de conceptos básicos, Organización de Estados Americanos, 2023).
  • En el tramo de mujeres entre 18 y 26 años, un 52,3% reconoce haber vivido acoso sexual en línea, pero al momento de preguntar por situaciones específicas, el porcentaje asciende a 77,2% (Radiografía del Acoso Sexual en Chile, elaborada por el Observatorio Contra el Acoso Callejero, OCAC, 2020).

Recuerda que:

  • Identificar la violencia sexual digital permite prevenirla, denunciarla y construir entornos más seguros en línea.
  • Ninguna imagen íntima difundida sin consentimiento, ningún mensaje amenazante ni ningún acoso en redes es “una broma” o “algo sin importancia”.
  • Nombrarla, hablarla y exigir responsabilidad, son pasos clave para frenar esta forma de violencia.No decir nada, es ser cómplice.

Haz la diferencia, porque detrás de la pantalla, hay consecuencias reales.

#SeamosLaClaveDelCambio.

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