Estudio devela factores claves en las recomendaciones musicales de Spotify

Ciertos acordes y frecuencias sonoras son algunos de los criterios que un estudio del Departamento de Ingeniería Industrial de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la U. de Chile reveló que tendrían este tipo de plataformas digitales para seleccionar una canción y agregarla en sus playlist editoriales, incidiendo directamente en la distribución y éxito en el mercado de un tema musical.

La llegada de plataformas digitales como Spotify, Apple Music y YouTube Music cambiaron completamente la forma de hacer música, distribuirla y promoverla para lograr el impacto y desempeño de una canción.

Tal como antes eran los canales de televisión o las radios las que tomaban la decisión de qué tema musical sería transmitido y, por ende, qué escucharían sus públicos y audiencias, hoy en día, una gran oferta musical mundial —por no decir casi toda— está disponible en estas plataformas de streaming; sin embargo, la gran cantidad de opciones sigue abriendo espacio para que un tercero decida tanto quiénes serán escuchados como quiénes escucharán a través de estas aplicaciones.

El estudio “Simply Streaming or Streaming What’s Simple? How Spotify’s Playlisting Choices Affect Song Performance” desarrollado por el académico del Departamento de Ingeniería Industrial de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile, Andrés Musalem, y los investigadores Ricardo Tralma (graduado del Magister en Gestión de Operaciones, U. de Chile) y Michael Trusov (University of Maryland) abordó esta materia motivada por el rol y relevancia de  las plataformas de streaming que no solo distribuyen música, sino que también la promueven activamente a través de sus playlists que pueden tener millones de suscriptores.

Prof. Andrés Musalem

Usando la plataforma Spotify como objeto de estudio, principalmente por su relevancia, popularidad global y disponibilidad de datos, el equipo construyó una lista de más de 150 variables para analizar una base de datos con cerca de 25.000 canciones, cubriendo distintas dimensiones: melodía vocal, letra, armonía, ritmo, dinámica —cambios entre partes más fuertes y más suaves—, frecuencias sonoras —qué tipos de instrumentos predominan—, y otras variables de contexto como la popularidad previa del artista, el sello discográfico y el género, entre otras.

“El criterio para elegir estas variables fue la cobertura: queríamos evitar el sesgo de trabajos anteriores que solo consideraban una dimensión a la vez o que solo consideraban canciones comercialmente exitosas. Pusimos un énfasis especial en las variables de complejidad musical, porque la literatura reciente mostraba que las canciones se están volviendo más simples en muchas dimensiones —introducción instrumental más cortas, títulos de canciones más cortos—, y nos preguntamos si eso podría estar siendo impulsado en parte por las preferencias de las plataformas”, explica Andrés Musalem.

Derribando la hipótesis de lo simple

Fueron dos principales hallazgos que pudieron identificar en el estudio: el primero tiene que ver con qué predice la inclusión de una canción en playlists editoriales de Spotify. En este sentido, la popularidad del artista o grupo musical sigue siendo el factor principal. Sin embargo, se pudo demostrar que ciertas variables de complejidad musical son relevantes, en particular el uso de acordes disminuidos —una forma de acorde que genera tensión armónica y cierta incomodidad en el oyente— y la variabilidad de frecuencias sonoras. “Esto es interesante porque va en la dirección contraria a la hipótesis de que las plataformas estarían promoviendo música cada vez más simple”, señala el académico del DII.

Un segundo resultado tiene que ver con la dinámica de éxito de las canciones. Con el análisis de clustering de series de tiempo sobre las cerca de 25.000 canciones de la muestra, se encontró que “más del 90% sigue un patrón de decaimiento rápido, muy parecido al de una película en taquilla. Solo el 7.7% logra un éxito sostenido en el tiempo. Y al buscar qué caracteriza a ese grupo, nuevamente aparecen los acordes disminuidos como predictor relevante”, indica.

Estos hallazgos redefinen la relación entre plataformas, algoritmos y proceso creativo, concluyendo en que la complejidad armónica, lejos de ser una desventaja, podría ser un factor que distingue a las canciones con mayor tracción tanto en playlists como en el tiempo.

“La tecnología ha cambiado profundamente el ecosistema musical en tres niveles. Por el lado de la demanda, la adopción del streaming hace que las personas escuchen más música, descubran más artistas y tengan una mayor variedad de consumo, porque el costo de explorar música nueva es prácticamente cero. Por el lado de la oferta, hay evidencia de que los artistas, compositores y productores están adaptando la estructura de sus canciones: algunos estudios indican que la introducción instrumental de las canciones se ha reducido de unos 23 segundos a 5 segundos, los tempos son más rápidos y los títulos más cortos, posiblemente para capturar la atención del oyente antes de que cambie de canción. Y por el lado de la promoción, las plataformas han adquirido un rol que antes tenían la radio y los sellos discográficos: deciden qué música se recomienda masivamente”, comenta el investigador de la FCFM.

Es así como, a pesar de la amplia oferta de música y la facilidad para acceder a ella que ofrecen las plataformas de streaming, quienes crean y consumen estas canciones siguen supeditados a un tercero para su distribución y posible éxito.  “Que una canción entre a una playlist editorial de Spotify puede significar 20 millones de streams adicionales semanales, según estudios previos. Entonces las decisiones algorítmicas y editoriales de estas plataformas tienen consecuencias reales sobre qué música prospera y cuál no”, concluye.