Chile necesita prepararse hoy para la segunda vida de las baterías de vehículos eléctricos

Por Mauricio Retamales C., director del proyecto LiBR3

La electromovilidad ya no es una promesa lejana para Chile. En Santiago circulan más de 4.000 buses eléctricos, una de las mayores flotas del mundo fuera de China.

Es una buena noticia para el transporte y para el aire que respiramos. Pero también nos obliga a hacernos una pregunta que será cada vez más urgente, ¿qué pasará con las baterías de esos buses, y de los autos eléctricos, cuando ya no tengan capacidad suficiente para moverlos? No es una pregunta lejana, puesto que los primeros buses eléctricos llegaron al sistema en 2017, y el primer recambio importante de baterías se espera para los próximos años.

Que una batería ya no sirva para un vehículo no significa que esté acabada. Muchas conservan capacidad suficiente para trabajar varios años más en tareas menos exigentes, como almacenar la energía solar que se genera de día para usarla de noche, respaldar un edificio ante un corte de luz o abastecer una faena alejada de la red eléctrica. Eso es lo que llamamos «segunda vida».

Pero no basta con comprobar que una batería conserva parte de su capacidad. Una batería dañada, expuesta a temperaturas extremas o con fallas internas puede sobrecalentarse e incluso provocar un incendio. Por eso, antes de darle una segunda vida, hay que revisarla, medir su estado real, conocer su historial y confirmar que puede operar de forma segura en su nuevo uso.

Aquí aparecen preguntas que Chile tendrá que resolver Aquí aparecen preguntas que Chile tendrá que resolver: ¿quién estará autorizado para evaluar estas baterías?, ¿qué pruebas deberán aplicarse?, ¿quién certificará que son seguras?, ¿quien responderá si fallan? No podemos esperar a tener miles. No podemos esperar a tener miles de baterías acumuladas para contestarlas. Hay que abordarlas ahora.

El país ya dio un primer paso. Las baterías están incluidas en la Ley REP, conocida como Ley de Reciclaje, que obliga a fabricantes e importadores a hacerse cargo de sus productos cuando dejan de usarse. Sin embargo, en el tema particular de las baterías de litio queda camino por recorrer. Así y todo, una norma no basta. También se necesitan técnicos capacitados, laboratorios y procedimientos de evaluación que permitan decidir con seguridad y con criterios comunes.

En eso trabaja LiBR3, proyecto liderado por CircularTec y apoyado por Corfo. Estamos estudiando cómo han resuelto este desafío otros países y cómo adaptar esas prácticas a las baterías que realmente circulan en Chile y a nuestras capacidades técnicas. No se trata de reutilizar todas las baterías. Algunas podrán tener una segunda vida y otras deberán ir directamente a reciclaje. Lo importante es contar con la información y los criterios para tomar esa decisión correctamente.

Chile tiene además una razón especial para hacerlo bien. Somos uno de los mayores productores de litio del mundo y el principal productor de cobre, dos materiales esenciales para estas baterías. Sería un contrasentido estar al inicio de esa cadena y no saber qué hacer cuando las baterías vuelven después de años de uso. El desafío es dejar de ser solo el país que aporta las materias primas y convertirnos también en uno que sabe evaluar, reutilizar y reciclar lo que se fabrica con ellas.