China avanza y se hace con el trono mundial de la supercomputación

LineShine ha sido declarado el superordenador más rápido del mundo, superando a su rival estadounidense El Capitan.

La supercomputadora china LineShine fue nombrada la más rápida del mundo en la Conferencia Internacional de Supercomputación celebrada en Hamburgo, Alemania, superando a la estadounidense El Capitan. Esta es la primera vez desde 2017 que una máquina china encabeza la clasificación TOP500 de las supercomputadoras más potentes del mundo.

Las supercomputadoras se utilizan para tareas científicas complejas que abarcan desde la modelización climática y las simulaciones del cerebro humano hasta la criptografía y la investigación avanzada.

Según la clasificación publicada el martes, LineShine, desarrollado por el Centro Nacional de Supercomputación de Shenzhen, puede realizar casi 2,2 quintillones (mil billones de billones) de cálculos por segundo. Superó a El Capitan del Laboratorio Nacional Lawrence Livermore en más de un 20 % en una prueba de rendimiento clave. El sistema estadounidense había ocupado el primer puesto en la clasificación TOP500, que se publica dos veces al año, desde noviembre de 2024.

LineShine también destaca por depender completamente de unidades centrales de procesamiento (CPU) estándar en lugar de las unidades de procesamiento gráfico (GPU) utilizadas por la mayoría de las supercomputadoras líderes.

“Esta es la primera vez que un ordenador con solo CPU alcanza la exaescala”, declaró Jack Dongarra, cofundador de TOP500 y ganador del premio Turing, al South China Morning Post, refiriéndose al hito de realizar al menos un quintillón de cálculos por segundo.

Las GPU, valoradas por su capacidad para gestionar un gran número de cálculos simultáneos, son fundamentales para los sistemas avanzados de IA y se han convertido en un punto clave de la rivalidad tecnológica entre Estados Unidos y China. Con el objetivo de frenar el avance chino, la administración del presidente estadounidense Donald Trump ha impuesto restricciones a la exportación de chips avanzados.

“China puede adaptarse para desarrollar su propia versión de la tecnología, tan buena como —o incluso mejor que— la tecnología existente, a pesar de los controles de exportación de Estados Unidos”, dijo Dongarra.