En un café literario del sector Norte de la capital, nos recibe la novelista Ángela Macker, escritora chilena reconocida principalmente por sus obras de literatura juvenil e infantil. Sus libros combinan elementos de fantasía, misterio y reflexión, abordando temas como la identidad, las emociones, la amistad y el crecimiento personal. De esa inquietud creativa nace su más reciente novela, El Gato del Alquimista.
Por Eugenio Carrasco
Funcionaria pública de carrera, licenciada en Administración y Magíster en Dirección y Gestión del Estado, Macker ha dedicado gran parte de su vida al quehacer municipal, combinando su vocación de servicio con una profunda pasión por la literatura, la filosofía y los relatos que cruzan lo cotidiano con lo extraordinario. Su estilo narrativo busca acercar la lectura a jóvenes, adultos y personas mayores a través de historias dinámicas, personajes cercanos y mensajes vinculados con la transformación personal y la imaginación, elementos que están muy presentes en esta nueva obra.
La novela tiene como eje central a un misterioso gato que guía y conecta a los personajes con enigmas relacionados con la transformación personal y el poder de las decisiones. A medida que avanza la trama, emergen temas como la amistad, la curiosidad, el crecimiento interior y la importancia de enfrentar los propios miedos.
La presentación del libro se realizó a fines de abril en el edificio de la Gran Logia de Chile, por invitación de su Gran Maestro, Sebastián Jans. Acompañada por familiares, amigos y cercanos, la autora dio a conocer una obra que, mediante una narrativa ágil y simbólica, invita a reflexionar sobre cómo las experiencias pueden transformarnos, tal como ocurre en la alquimia, donde los elementos cambian para convertirse en algo nuevo y valioso.
¿Qué ambiente o sensaciones transmite la novela?
—Muchas. El lector se va sumergiendo en la historia, la va sintiendo, imaginando y completando en su propia mente. Creo que algunas personas se sentirán muy identificadas con ciertos pasajes; otras la verán como una obra mágica, literaria o de fantasía. Tiene distintas perspectivas, pero ninguna se contrapone a la otra; todas conviven y se mezclan.
¿Y cuáles son para ti los elementos de la alquimia que aparecen en el libro?
—Eso sería un gran spoiler, así que prefiero no adelantar demasiado. Sí puedo decir que tomé algunos elementos de las culturas hindú y tibetana, además de incorporar el tarot de una manera lúdica dentro del relato. Pero no quiero revelar más porque perdería parte de su encanto.
Lo que sí me gustaría es que los lectores, desde que comiencen la novela hasta que lleguen a la última página, se pregunten cuánto han cambiado ellos mismos durante ese recorrido. También quiero aclarar que el protagonista es el gato, no el alquimista. El alquimista es su compañero y quien lo acompaña a lo largo de la historia, pero el verdadero centro del relato es este felino.
El gato comienza siendo un personaje irónico, con una visión bastante cínica de la vida y de la humanidad. Está melancólico, desencantado y aburrido, producto de las muchas vidas que ha experimentado a través de sus distintas reencarnaciones. Sin embargo, la amistad que surge con el alquimista le entrega un propósito, una sensación de pertenencia.
Con el tiempo, no solo encuentra su lugar, sino que también pasa a formar parte de la familia del alquimista, una familia que incluso ayuda a construir. Es un personaje muy presente en la novela, una especie de guía o mentor, similar a Obi-Wan Kenobi. Incluso llega a intervenir en la vida de quienes lo rodean, ayudándolos a encontrar compañía y felicidad.
¿Qué harías tú si estuvieras en el lugar del protagonista?
—El autor siempre está en el lugar de sus personajes. No solo del protagonista, sino de todos ellos. Cuando escribes, te metes en la piel de cada personaje y comienzas a preguntarte cómo actuaría alguien perverso, inocente, banal o extraordinario frente a determinadas situaciones.
Cada personaje es una construcción basada en esas preguntas y reflexiones. Por supuesto, todos tienen algo del autor, porque uno los crea a todos. En ese sentido, siento que me identifico un poco con el gato.
La inspiración surgió, en parte, de la «Oda al gato» de Pablo Neruda. Ese poema fue muy importante para mí al momento de escribir la novela. Neruda presenta al gato como un ser perfecto, elegante y seguro de sí mismo. Esa mirada me ayudó a construir la personalidad de este personaje: un gato que se sabe especial y que observa el mundo desde una perspectiva única.
¿Cómo podrías describir a este misterioso felino?
—Lo describí de manera bastante general: tiene un pelaje suave y brillante, y se mueve con una delicadeza casi perfecta. A mi juicio, los gatos suelen mirarte con cierto desprecio, como si te estuvieran juzgando por atreverte a observarlos.
Con su mirada penetrante parecen evaluar tu forma de vestir, tu olor, tu postura e incluso tu manera de estar en el mundo. Pero, al mismo tiempo, terminan aceptándote tal como eres. Existe una contradicción muy hermosa en ellos: pueden parecer distantes e indiferentes, pero cuando llegas a casa después de un día difícil, son los primeros en acercarse, rozar tus piernas y entregarte afecto.
¿Te habría gustado cerrar el libro de otra manera?
—Es difícil responder esa pregunta. El proceso de escritura es complejo porque uno comienza una historia sin tener completamente claro cómo terminará. Existen miles de posibilidades, tal como ocurre en la vida.
Por eso, antes de finalizar una obra, inevitablemente te preguntas qué habría pasado si hubieras elegido otro camino para los personajes. Sin embargo, hoy no imagino un final distinto para esta novela.
Lo que sí estoy considerando es una continuación. Incluso he pensado en la posibilidad de desarrollar una saga, porque varios de los personajes que aparecen en el libro tienen un enorme potencial y todavía hay muchas historias que contar sobre ellos, cierra.

Más que una novela de fantasía, “El Gato del Alquimista” es una invitación a mirar la vida desde otra perspectiva. A través de un felino tan irónico como entrañable, Ángela Macker propone un viaje por los misterios de la amistad, las decisiones y las transformaciones que marcan nuestra existencia. Y quizás no sea casualidad que una autora rodeada por siete gatos encuentre en ellos la inspiración para construir un personaje capaz de cuestionar, acompañar y enseñar. Porque, al final de cada página, queda una pregunta abierta para el lector: ¿cuánto hemos cambiado desde que comenzamos esta historia hasta llegar a su última línea?
Mientras la autora ya proyecta nuevas historias y una posible saga inspirada en los personajes de esta obra, “El Gato del Alquimista” continúa su propio recorrido, conquistando lectores que se atreven a seguir las huellas de este misterioso felino y descubrir que, al igual que en la alquimia, toda transformación comienza con la voluntad de cambiar.
