El día internacional del Diseño se instaura como un espacio para relevar la importancia de la disciplina y su capacidad como factor determinante en los distintos cambios que definen la convivencia entre las personas y su entorno.
La celebración misma cobra importancia en la medida de ser un llamado a toda la profesión para poder reflexionar respecto del rol que compromete al acto innovador – y sus distintas implicancias – en la búsqueda de soluciones de bienestar para las progresivas necesidades nacidas entre el individuo y la función relacional con su contexto.
La versión 2026 nos plantea el desafío de hacernos cargo de una zona definida más allá de la solución física o los resultados directos de la labor diseñadora. Exhortándonos, a entender las conexiones humanas surgidas a partir de la implementación de dichas soluciones, las cuales pueden traducirse finalmente en experiencias humanas. Con el título, The spaces in between (los espacios intermedios) el International Council of design, invita a explorar y descifrar estos umbrales de transición emocional. Los que son el punto de partida para entender la interacción entre individuos, ya sea como una vivencia con resultados de «pertenencia» si es que logra darse de manera positiva, o bien de «fractura», si es que esta misma no logra constituirse en una conexión significativa o de valor para quienes las experimentan.
El diseño aporta a la resolución de problemas actuales y a la mejora de la calidad de vida de las personas al consolidarse como una herramienta estratégica con un fuerte componente innovador. Se posiciona como un motor para el éxito productivo y empresarial, así como para la mejora continua de la vida cotidiana, mediante la implementación de productos, sistemas y servicios.
En un mundo marcado por realidades complejas y diversas —sociales, políticas, económicas y ambientales—, el diseño adquiere un rol importante al integrar el sentido humano en distintos entornos. De este modo, promueve soluciones funcionales que incorporan la inclusividad como principio fundamental, avanzando hacia la aplicación del concepto de universalidad.
En consecuencia, resulta imprescindible asumir que el diseño no es únicamente una disciplina orientada a resolver problemas, sino también una práctica con responsabilidad social, capaz de incidir en la forma en que habitamos y comprendemos nuestro entorno.
A mi juicio, avanzar hacia un diseño más consciente, empático e inclusivo no es una opción, sino una necesidad urgente, especialmente en escenarios cada vez más complejos. Solo desde esa perspectiva será posible proyectar soluciones que no solo respondan a requerimientos funcionales, sino que también aporten de manera significativa al bienestar colectivo y a una convivencia más equitativa y sostenible.
LAS OPINIONES EXPRESADAS EN ESTE ARTÍCULO PUEDEN NO COINCIDIR CON LAS DE LA REDACCIÓN
Marcelo Venegas – Profesor del Departamento de Diseño y Manufactura de la USM y Doctor en Diseño, Fabricación y Gestión de Proyectos Industriales de la Universitat Politècnica de València, España.
