La legalización de las apuestas deportivas dispara otra crisis social y económica en EEUU

La Corte Suprema levantó en 2018 la prohibición federal a las apuestas deportivas, provocando un aumento dramático de adictos al juego y vidas rotas a causa de la ludopatía.
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Una nueva crisis social y económica golpea a los Estados Unidos. Si bien no congrega por el momento la misma atención mediática que otros flagelos públicos, como la violencia por las armas de fuego o el consumo de fentanilo, una reciente investigación publicada por el prestigioso diario The Financial Times da cuenta de la dimensión de este problema.
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Se trata de la adicción a las apuestas deportivas, que luego que la Corte Suprema revocara en el 2018 la prohibición federal a esta práctica, que databa del 1992, se han disparado, alcanzando cifras millonarias, mientras decenas de miles de vidas son destruidas a causa de la ludopatía y las autoridades estadounidenses miran convenientemente para otro lado.

«Antes de 2018, aquellos que querían apostar legalmente en deportes tenían que viajar a casinos en Nevada o los otros tres estados que estaban exentos de la prohibición. Pero desde esta decisión judicial, las apuestas deportivas se han transformado en un negocio tecnológico de alto crecimiento, con más de 12.000 millones de dólares en ingresos en 2022 y publicidad que se está volviendo rápidamente omnipresente en la vida cultural estadounidense», advierte el FT.

De acuerdo al artículo, titulado «El lado oscuro del auge de las apuestas deportivas en EEUU», desde su legalización hace cinco años, los ciudadanos estadounidenses han apostado 245.000 millones de dólares en eventos como partidos de fútbol americano, basquetbol y tenis, entre muchos otros.
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Los jugadores ahora pueden apostar legalmente en eventos deportivos en 34 estados, así como en la capital, y en 25 jurisdicciones pueden hacerlo por internet, señala la investigación, añadiendo que la última corporación en querer una tajada de este fenómeno es The Walt Disney Company, que acaba de anunciar planes para lanzar una casa de apuestas a través de su popular cadena deportiva ESPN.
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«Pero debajo del auge de las apuestas en línea hay una adicción de proporciones desconocidas». alerta el FT. Si bien los datos oficiales a nivel nacional son limitados, un estudio financiado por el fiscal general de Nueva Jersey arrojó que el 6% de encuestados en el estado, el primero en aprobar las apuestas deportivas y los juegos en línea, ha tenido problemas de adicción con el juego y un 20% exhibe señales de estar desarrollando problemas de adicción, según consigna el diario.
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A la vez, una investigación de Pensilvania, una de las siete jurisdicciones que permiten los casinos por internet, encontró que el 36,7% de los apostadores en línea admitió observar al menos un elemento problemático en su hábito de juego el año pasado.
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Como si esto fuera poco, la cantidad de llamadas a la línea de ayuda del Consejo Nacional para Problemas con el Juego aumentó en un 21% en el último año, con 30.000 comunicaciones según datos de marzo del 2023.
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Falta de controles y un Estado ausente

Este boom de apuesta, explica el Financial Times, se origina por la falta de restricciones y controles en la mayoría de estados, a los que la Corte Suprema les dio la potestad en su fallo de 2018 de regular estas prácticas. Sin embargo, casi todos han decidido, por afanes recaudatorios, hacer lo mínimo.
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Las protecciones al consumidor con respecto a las apuestas deportivas suelen ser bajas, observa el diario, y a veces inexistentes.
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«De las 25 jurisdicciones con apuestas deportivas en línea reguladas en los EEUU, 20 no tienen restricciones para apostar con tarjeta de crédito. Tres no tienen reglas que requieran que los operadores proporcionen una herramienta para que los apostantes autolimiten los depósitos, las cantidades de apuesta o el tiempo dedicado al juego», explica la nota.
Además, cuatro estados, entre ellos Colorado y Arkansas, no ofrecen ningún programa de autoexclusión para los jugadores con problema de adicción que buscan bloquear el acceso a los sitios de apuestas, y otros cinco requieren que los apostantes se autoexcluyan en persona.

«A pesar del daño que podrían estar provocando, las autoridades estatales a menudo están en conflicto debido a los ingresos fiscales generados por las apuestas deportivas, que han contribuido con más de 3.400 millones de dólares acumulados a sus presupuestos desde 2018», precisa la nota.

En 2013, el manual de diagnóstico de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría, que es esencial para acceder a un seguro de salud para un trastorno, puso a la ludopatía (la adicción al juego) a la par con la adicción a las drogas y el alcohol.
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Sin embargo, el especialista Keith Whyte, director ejecutivo del Consejo Nacional para Problemas con el Juego, dijo que recibir una cobertura de seguro por adicción al juego es extremadamente difícil.
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Colectivamente, los 50 estados de EEUU asignaron este año poco más de 110 millones de dólares para programas que aborden la adicción al juego, según indica el diario. Nueve estados, incluido Arkansas, donde las apuestas en línea son legales, no proporcionaron financiamiento alguno el año pasado.
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Incluso las intervenciones más básicas son escasas. En lugar de atención médica, muchos adictos recurren a Jugadores Anónimos. Pero el 11% de los grupos presenciales certificados cerraron en todo el país durante la pandemia de COVID-19, indica el FT, lo que dejó apenas 1.160 grupos presenciales y 308 grupos en línea para atender a todo un país de 330 millones de habitantes.

La investigadora Rachel Volberg, estudiosa de las apuestas en la Universidad de Massachusetts Amherst, dice en la nota que «sorprende que tantos estados hayan legalizado las apuestas deportivas sin garantizar que haya cierto nivel de recursos disponibles para lidiar con los impactos negativos. Es claro que (hay) muchas personas vulnerables que no se habrían metido en problemas de no ser por las apuestas deportivas».

En tanto, el congresista demócrata por Nueva York Paul Tonko, quien ha propuesto una ley para prohibir las publicidades en internet de apuesta deportivas, dijo que la industria ha estado operando como si fuera «el salvaje oeste, en gran medida sin regulaciones» y alertó que, a menos que intervenga el Gobierno federal, se precipitaría una «crisis de salud pública» provocada por la adicción al juego.
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