• agosto 21, 2022
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Recuperación de la Naturaleza, un nuevo paradigma

Es un tema transversal que mantiene en ascuas a la humanidad, el estar atravesando momentos de alta conflictividad, con la…

 Recuperación de la Naturaleza, un nuevo paradigma

Es un tema transversal que mantiene en ascuas a la humanidad, el estar atravesando momentos de alta conflictividad, con la guerra entre Rusia y Ucrania, las guerras en África, las tensiones entre China y EEUU por Taiwán, la amenaza de una hambruna mundial, todo ello en medio de una escalada que evidencia el agotamiento del orden mundial de pos segunda guerra mundial, perfilándose una reestructuración del poder mundial, con una ocurrencia creciente de situaciones límite, que nos han regresado al equilibrio del terror que imperó durante la guerra fría en el Siglo XX.

Siendo resultado de una realidad económica centrada en el crecimiento ilimitado, en los combustibles fósiles y la concentración de la riqueza a nivel supranacional, el cambio climático nos está golpeando cada día con mayor fuerza.

La agudización de eventos extremos, con una destrucción dramática de los ecosistemas, altísimas temperaturas e incendios en Europa, África, California, sequías e inundaciones, gigantescos desplazamientos humanos, fenómenos extremos que conforman un escenario anunciado por décadas, pero que los países desarrollados que más contaminan, no han querido ver.

Remecer a la dirigencia que controla el poder, para que atienda el momento crítico que atraviesa la humanidad, demanda, primero, una mirada holística que intente escudriñar en la complejidad de esta interdependencia en que vivimos; y segundo, movilizarnos individual y colectivamente, para intentar frenar las tendencias entrópicas hacia la destrucción y procurar un golpe de timón, que permita la sobrevivencia y procure una convivencia armónica con la tierra para las futuras generaciones.

En este contexto, pienso que la civilidad del planeta está reaccionando desde las bases sociales de manera disruptiva en contra de una institucionalidad deslegitimada, que ha sido responsable de un modelo global, que se ha basado en una economía anclada a los combustibles fósiles, la concentración de la riqueza y la búsqueda de un crecimiento ilimitado, que ha instalado un extractivismo depredador en diversas regiones del planeta, que han sido condenadas como zonas de sacrificio.

Chile es un país pequeño, que tuvo una naturaleza generosa en flora y fauna, con recursos minerales abundantes y un mar que permitía el sustento abundante de productos del mar. Sin embargo, la realidad actual muestra una pérdida alarmante de los ecosistemas, de los glaciares, con un avance del desierto y una mega sequía que ha afectado por 10 años la región central, la más populosa del país.

A partir de la explosión social de octubre 2019, Chile canalizó esa energía social hacia un proceso constituyente que concluye el próximo 4 de septiembre cuando se deberá votar el plebiscito de salida. Las sensibilidades de la ciudadanía frente a la realidad reseñada, se vieron reflejadas en la propuesta de Nueva Constitución que da un giro profundo al modelo implantado en Chile por la dictadura cívico-militar, a partir de 1980. Y, lo más trascendente y espiritual, es que el texto propuesto consagra a Chile como un Estado Ecológico “Artículo 1. Chile es un Estado social y democrático de derecho. Es plurinacional, intercultural, regional y ecológico.”

Chile: la Naturaleza será sujeto de derechos y el Estado se obliga a su protección y recuperación
De cara a los desafíos del Siglo XXI, la nueva constitución estaría innovando al plantear una pertenencia del hombre a la Naturaleza. Sigue éticamente el espíritu de nuestro himno patrio, en ese poema de Eusebio Lillo, que deja una impronta histórica: “Puro, Chile, es tu cielo azulado, puras brisas te cubren también, y tu campo, de flores bordado, es la copia feliz del Edén, Majestuosa es la blanca montaña, que te dio por baluarte el Señor y ese mar que tranquilo te baña te promete futuro esplendor”

Chile fue premiado en bellezas naturales, pero ha sufrido un modelo de capitalismo salvaje y Estado subsidiario, que ha abusado e irrespetado de los bienes naturales, en un derrotero nefasto. La nueva constitución explícitamente asume la crisis climática del planeta, consagrando principios rectores que plantean un reencuentro profundo del hombre con la Naturaleza, subordinando todo el quehacer político económico a un respeto por territorio y el maritorio, este último, un moderno concepto jurídico que fija el deber del Estado de legislar en protección de los océanos. Establecer el principio de pertenencia a la Naturaleza es de una profundidad y pertinencia sustantivas. Así, el Art. 17 de la propuesta constitucional señala:

1. Los derechos fundamentales son inherentes a la persona humana, universales, inalienables, indivisibles e interdependiente

2. El pleno ejercicio de estos derechos es esencial para la vida digna de las personas y los pueblos, la democracia, la paz y el equilibrio de la naturaleza.”

Frente a la sinrazón de la codicia y la fuerza, Chile está levantando una mirada de cordura en pro del bien común, para accionar colectivamente a través de la integración regional, sumando voluntad política para salvar el planeta, dejando un mundo vivible a las futuras generaciones.

Artículo 8

Las personas y los pueblos son interdependientes con la naturaleza y forman con ella un conjunto inseparable. El Estado reconoce y promueve el buen vivir como una relación de equilibrio armónico entre las personas, la naturaleza y la organización de la sociedad.”

Para sostener una posición de paz y de medidas concretas de supervivencia frente a la crisis climática, Chile se compromete a educar para generar una conciencia de respeto a la Naturaleza.

Artículo 39

El Estado garantiza una educación ambiental que fortalezca la preservación, la conservación y los cuidados requeridos respecto al medioambiente y la naturaleza, y que permita formar conciencia ecológica.

Que una constitución política, desde este pequeño país de Sudamérica, formule una convivencia centrada en los derechos humanos y en armonía con el medio ambiente, puede ser una señal ética al colectivo planetario, para obligar a las instituciones, al poder, a asumir a tiempo compromisos concretos para frenar la extinción de la especie.

Creo que, con su nueva constitución, de ser aprobada el 4 de septiembre próximo, Chile compartirá con el mundo una esperanza genuina de recuperar humanidad, en la medida que nos asumamos con humildad navegantes de una misma y única nave, que debemos cuidar para nuestros descendientes.


LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE LA RAZÓN

Hernán Narbona Véliz – Periodista. Corresponsal Diario La Razón – Región de Valparaíso, Chile. 

 

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