Científicos israelíes explican cómo microplásticos dañan la salud

Un estudio de la Universidad de Tel Aviv apunta a que los microplásticos actúan como imanes de toxinas, los concentran en su superficie, y tienen efectos en el cuerpo humano que los ingiere o respira.
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Son familiares las imágenes de plásticos flotando en las aguas del planeta, pequeñas piezas o microscópicos pedacitos flotando durante miles de años antes de su descomposición.
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Los plásticos están en todas partes. «La ubicuidad de los plásticos es algo que no deja de sorprender, se han encontrado en todos los rincones del planeta», dijo a Sputnik Avigail Ben Tzvi, bióloga y ambientalista. «Hay plásticos en el fondo del océano, en lo alto de las montañas, allí donde llegan los humanos abandonan plásticos, y también donde no llegan; se han encontrado en los fondos marinos y en glaciares del Polo Norte».
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El estudio de la Universidad de Tel Aviv (TAU), publicado en la revista Chemosphere, señala que estos microplásticos no solo empeoran la contaminación del planeta, sino que la exacerban, provocando un fenómeno que se conoce como toxicidad conjunta.
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Imanes para los agentes contaminantes

El estudio llevado a cabo por Inés Zucker, investigadora en la Escuela de ingeniería mecánica y de Ciencias de la tierra de la TAU, y su alumno Andrey Eitan Rubin, modeló la interacción de microplásticos en el mar (que está en constante crecimiento) con un agente antibiótico y anti-fungicida llamado triclosán, prohibido en Estados Unidos desde 2016 en los productos higiénicos porque no hay seguridad sobre cómo afecta al cuerpo humano.
Se había demostrado previamente que el microplástico tiene la propiedad de atraer moléculas orgánicas, y según detalló Zucker en el comunicado, en el mar el microplástico degradado es muy atractivo para los elementos contaminantes.

«Hemos demostrado que incluso en concentraciones muy bajas de contaminantes medioambientales no tóxicos para humanos, una vez absorbidos por los microplásticos, resultan en una toxicidad mucho mayor», explicó.

Es decir, los microplásticos actúan como imanes para los agentes contaminantes y los concentran en su superficie.
Así, cuando comemos microplásticos, especialmente aquellos que provienen del mar, por ejemplo al ingerir pescados y algas, el plástico transporta toxinas concentradas dentro de nuestro cuerpo.
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Combinación tóxica

Por si aquello no fuera suficiente, los investigadores señalan que, tras constatar que los microplásticos absorben grandemente el triclosán en un entorno marino, probaron lo mismo, mezcla de micro plásticos y triclosán, pero esta vez en un entorno biológico.
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Allí encontraron que el contaminante se des-absorbe y cae dentro del cuerpo. Calcularon que cuando está presente el microplástico la toxicidad se multiplica por diez.
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El plástico solo y el contaminante solo no son particularmente tóxicos, sin embargo, juntos, son muy tóxicos.
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Si bien Zucker insiste en que todo esto es por ahora teórico, también dice que son hallazgos preocupantes, porque en países como Israel, donde es común beber agua de mar desalinizada, probablemente la gente está expuesta a una toxicidad exacerbada por el microplástico.
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La recomendación de los investigadores es tratar de usar menos plástico, hacer menos lavadoras y, en general, pensar más en las pequeñas cosas que pueden estar dañando al medio ambiente, teniendo en mente que el plástico puede tardar miles de años en descomponerse y, hasta hacerlo, tiene la forma de fibras de microplástico que tanto preocupan.

«Israel tiene el dudoso honor de tener playas de las más contaminadas de microplástico del mundo y es algo que, lamentablemente, tiene implicaciones visibles y con este estudio constatamos que también tiene implicaciones invisibles al ojo humano, pero no por ello menos graves», lamentó Ben Zvi.

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