Extrema derecha y racismo fortalecidos tras el Gobierno de Trump en EEUU

Los grupos de extrema derecha y supremacía blanca en EEUU no surgieron con Donald Trump, el racismo mucho menos; sin embargo, la irrupción en la política del magnate republicano, con un discurso similar, los fortaleció en estos cuatro años, al punto de tener una presencia cada vez mayor en todo el país.

Si bien Trump no se identifica directamente con ninguno de estos grupos, durante su administración le ha costado enormemente condenar actos de violencia protagonizados por supremacistas blancos y en algunos casos incluso ha incitado o justificado su accionar en sus discursos.

Sin ir más lejos, el histórico asalto al Capitolio, sede del Congreso de EEUU, el pasado 6 de enero por parte de sus seguidores, entre ellos miembros de grupos de extrema derecha, se dio poco después de que el mandatario los llamara a «luchar» para evitar que las elecciones les fueran «robadas».

«El racismo no es nuevo en los Estados Unidos, sobre todo el racismo estructural, pero sin duda alguna la administración Trump y el presidente Trump en particular se encargó de empoderar y dar un espacio público a todos estos grupos, que lamentablemente vemos hoy en día que presentan señales claras sobre el rumbo del país que quisieran ver, que pasa por violentar los derechos humanos, sobre todo de grupos minoritarios», dijo a Sputnik la directora para las Américas de Amnistía Internacional, Erika Guevara Rosas.

Ya desde su candidatura el mandatario utilizaba un lenguaje racista, divisorio y xenófobo, que generó una amplia base de apoyo que lo llevó al poder político, agregó.

En ese sentido, Guevara Rosas resaltó que con el triunfo de Trump quedó al descubierto cómo esos grupos han estado presentes a lo largo de la historia de EEUU, particularmente de la historia reciente, pero encontraron en el multimillonario un espacio público de aceptación que ha fortalecido su presencia dentro y fuera del país.

Trump se ha encargado de demonizar a grupos minoritarios, generando temor y sembrando división, y a través de su política pública creó políticas que son discriminatorias y racistas en su esencia, como la migratoria.

Para Amnistía Internacional, todo eso ha dado carta blanca a los grupos extremistas, a los cuales el presidente no ha condenado de manera firme.

Una de las últimas demostraciones fue durante el debate presidencial con el ahora mandatario electo Joe Biden, en septiembre, cuando el moderador, Chris Wallace, le pidió condenar a los supremacistas blancos.

«Claro, estoy dispuesto a hacerlo, pero diría que prácticamente todo lo que veo es de la izquierda, no de la derecha», dijo Trump, y se limitó a pedir a los Proud Boys, un grupo de extrema derecha cuyos seguidores se han dejado ver en actos políticos republicanos, que «retrocedan y esperen».

«Lo que vimos recientemente con estos grupos violentos que irrumpieron dentro del edificio del Capitolio, amenazando a congresistas y amenazando al público general con armas y con estos discursos racistas y xenófobos es el resultado de este legado de cuatro años de Trump», consideró Guevara Rosas.

En septiembre, el director del Buró Federal de Investigaciones —FBI, por su sigla en inglés), Christopher Wray, informó ante el Congreso que los supremacistas blancos constituyen el grupo más grande de terroristas nacionales por motivos raciales en EEUU.

Ese mismo mes, la exfuncionaria del Departamento de Seguridad Nacional, Elizabeth Neumann, alertó que la administración de Trump estaba creando condiciones que pueden permitir que el extremismo de derecha se expanda en el país, debido a la retórica del mandatario y su negativa a condenar a esos grupos.

Neumann agregó que Trump no se siente cómodo hablando sobre terrorismo interno, a menos que sea en referencia a los grupos de Acción Antifascista (conocidos como «Antifa») y los disturbios y saqueos asociados con este durante las protestas contra la injusticia racial desarrolladas en 2020.

QAnon

Uno de los movimientos que ganó protagonismo en la era Trump es el de la teoría conspirativa de extrema derecha llamada QAnon, surgido en 2017 en foros de internet.

Sus seguidores dicen que Trump está librando una guerra secreta contra pedófilos de las élites del gobierno, las empresas y los medios de comunicación de EEUU, que adoran a Satanás, y a los que identifican como el «Deep State» (estado profundo).

En 2019, el FBI identificó a QAnon como una posible amenaza terrorista nacional, ya que la presencia en línea del grupo alienta a los extremistas a cometer actos criminales violentos.

Esto no les ha impedido llegar a Washington.

Marjorie Taylor Greene, una de las seguidoras de la teoría conspirativa, que ha publicado en las redes sociales imágenes suyas con armas, ganó un escaño republicano por Georgia (sureste) en las elecciones de noviembre y estará en el Congreso.

En octubre, en una entrevista con la cadena NBC, Trump fue consultado por QAnon y afirmó que lo poco que sabía es que «están muy en contra de la pedofilia, luchan contra ella muy duro».

En esa misma entrevista el mandatario aprovechó para atacar al grupo Antifa y a la izquierda radical, afirmando que son unos «violentos» y «despiadados» que «están quemando ciudades gobernadas por demócratas».

Las veces que Trump ha condenado públicamente a los grupos de supremacía blanca o neonazis fue, en general, en respuesta al aluvión de críticas, tanto locales como internacionales, que recibió por «defenderlos» en una primera instancia.

Trump deja la presidencia en su peor momento, siendo fuertemente cuestionado dentro y fuera del país, primero por no reconocer la derrota electoral, segundo por haber incitado el asalto al Capitolio, y tercero por haber demorado, una vez más, en condenar esos hechos.

Una semana después de los disturbios en el Congreso, y ante los rumores de posibles nuevos incidentes el día de la asunción de Joe Biden, Trump pidió a los ciudadanos bajar las tensiones «y ayudar a promover la paz en el país».

El mandatario finalmente condenó los incidentes en Capitolio, en los que murieron cinco personas y decenas resultaron heridas, y dijo que tales acciones no tienen lugar en el país.

La condena llegó casi al mismo tiempo en que la Cámara de Representantes aprobó una votación para iniciar un juicio político contra el presidente, que de avanzar en el Senado podría inhabilitarlo para ejercer cargos públicos, incluida una postulación en 2024.

Debido a esto, Trump dejará este miércoles 20 la Casa Blanca como el primer presidente de EEUU en ser impugnado dos veces durante su mandato.