• mayo 2, 2020
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¿Amplía EEUU la campaña anti-China a la esfera militar?

EEUU está endureciendo las normas de licencia para la exportación de productos militares y de doble uso a China. Ahora…

 ¿Amplía EEUU la campaña anti-China a la esfera militar?

EEUU está endureciendo las normas de licencia para la exportación de productos militares y de doble uso a China. Ahora se aplican a cualquier artículo que teóricamente pueda usarse en la maquinaria bélica. Las nuevas medidas del Departamento de Comercio de EEUU, en realidad, buscan frenar el desarrollo tecnológico de China, opinan los expertos.

El Departamento de Comercio de EEUU publicó un decreto que amplía los requisitos para la concesión de licencias de exportación, reexportación y transferencia de materiales para uso final militar.

Si antes las restricciones se referían a un grupo bastante limitado de bienes específicos, las nuevas normas ampliadas dicen que si un producto, componente o programa informático puede utilizarse teóricamente en un equipo militar, ese producto está sujeto a restricciones de exportación.

Es decir, ahora casi cualquier componente de alta tecnología y electrónica puede caer bajo restricciones.

Además, se introdujo el concepto de usuario militar final: puede ser cualquier empresa, incluida una empresa civil, cuyas actividades, al menos de alguna manera, refuerzan la capacidad de combate del Ejército chino.

La nueva iniciativa del Departamento de Comercio propone también aplicar estas normas a las empresas extranjeras que utilizan tecnologías y equipos estadounidenses en la producción.

TSMC, el mayor fabricante de chips de Taiwán, ya se ha enfrentado a problemas reales relacionados con esta política de EEUU. Washington exige que la compañía detenga el suministro  de microchips para Huawei, argumentando que TSMC usa equipo estadounidense.

Las nuevas medidas del Departamento de Comercio de EEUU, en realidad, buscan legislar la política de Washington de restringir el desarrollo tecnológico de China, opina Wang Peng, investigador del Instituto Chungyang de estudios financieros de la Universidad Popular de China.

«Trump continúa su política a largo plazo para restringir económica y tecnológicamente a China. Las restricciones incluyen los bienes que la propia China no puede fabricar o en los que tiene una competencia tecnológica débil», dijo.

Según el analista, junto con las acusaciones de la Administración Trump contra China de causar sufrimiento al pueblo estadounidense con la pandemia del COVID-19, vemos que EEUU ya ha formado una agenda para «suprimir y culpar a China».

Las medidas actuales son una continuación lógica de la política iniciada el año pasado por Washington para frenar el desarrollo tecnológico de China, cuando el Departamento de Comercio incluyó en la lista negra a Huawei y a varias otras empresas tecnológicas chinas importantes.

Sin embargo, estas medidas encontraron una seria resistencia por parte de las empresas estadounidenses. China es el mayor mercado para sus productos y servicios. En 2018, sólo Huawei compró componentes y productos de alta tecnología de Qualcomm, Intel, Micron Technology Inc. y Broadcom Inc. por 13.000 millones de dólares.

Bajo la presión del lobby tecnológico, el Departamento de Comercio ha renovado repetidamente su licencia temporal para suministrar componentes para Huawei. Además, muchas empresas comenzaron a suministrar productos a través de sus estructuras extranjeras. El nuevo documento debería cerrar esta laguna. Sin embargo, las autoridades de EEUU se enfrentarán inevitablemente a la oposición de las empresas, señaló Wang Peng.

«EEUU puede implementar estas medidas, pero se enfrentarán a un juego de cuatro caras. No solo los Gobiernos de Estados Unidos y China, sino también las empresas de ambos países están entre las partes interesadas. Para las empresas, China es el mercado más grande. Y el objetivo de las empresas estadounidenses es, por supuesto, maximizar los beneficios», explicó el analista chino.

Sin embargo, en tal situación en la que el comercio mundial está en declive y el número de pedidos está disminuyendo debido a la propagación del coronavirus, es poco probable que las empresas estadounidenses apoyen esa política, agregó.

«Tendremos que ver el juego de las autoridades de EEUU con las empresas locales y dar una respuesta adecuada. Por ejemplo, a través de unas negociaciones bilaterales se podría reducir la presión de las autoridades estadounidenses sobre China, abrir más los mercados chinos, mostrar a las empresas estadounidenses que unas condiciones atractivas hasta los beneficios están al alcance de la mano. Así, es posible fortalecer la motivación de las empresas estadounidenses para que se opongan a las decisiones de su propio Gobierno», analizó Wang Peng.

Según el experto chino, en los próximos años la tendencia a la divergencia de las posiciones de Pekín y Washington continuará independientemente de si Trump gana las próximas elecciones presidenciales. EEUU ha logrado un raro consenso entre los partidos sobre la necesidad de disuadir a China a cualquier costo y convertir el país en un rival geopolítico.

De ahí los ataques de ciertos políticos estadounidenses a China por la propagación de la pandemia del COVID-19. Cuando el sistema interno está fallando, es muy importante dirigir la atención del público a amenazas externas y encontrar un chivo expiatorio.

A corto plazo, la política de Washington puede ser efectiva. Tanto los políticos estadounidenses como los medios de comunicación promueven la versión de una supuesta fuga del virus del laboratorio de Wuhan. Hay una campaña anti-China en Washington que podría tanto hacer a las empresas abandonar el mercado chino, como privar a China de las tecnologías.

Pero por otro lado, esta situación obligará a China a buscar un sustituto a la tecnología estadounidense primero entre otros proveedores y luego desarrollar una propia. Y al final, las compañías estadounidenses se quedarán al margen. De hecho, incluso el Pentágono estaba en contra de expandir esas restricciones a la exportación, señalando que la amenaza externa de China no es tan grande como para privar a las empresas estadounidenses de mercados.

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