• abril 28, 2020
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Entrevista al Prof. Cristian Keim, director(s) del Teatro Nacional Chileno: «El arte es un lugar de profundo pensamiento»

SANTIAGO – El director subrogante del Teatro Nacional Chileno (TNCH) y académico del Departamento de Teatro de la Facultad de…

 Entrevista al Prof. Cristian Keim, director(s) del Teatro Nacional Chileno: «El arte es un lugar de profundo pensamiento»

SANTIAGO – El director subrogante del Teatro Nacional Chileno (TNCH) y académico del Departamento de Teatro de la Facultad de Artes, se refiere en esta entrevista al impacto de la crisis sanitaria en el TNCH y en las artes escénicas en general. «Es un momento que nos está obligando a reflexionar más hondamente sobre lo que veníamos haciendo a partir del estallido social. Nos hemos tenido que quedar en casa, buscar nuevas formas de trabajo, de comunicación, además de valorar los espacios que teníamos. Tengo la impresión de que las artes escénicas van a salir fortalecidas de esto», sostuvo.

El mundo artístico se enfrenta a un complejo momento. Luego del 18 de octubre de 2019, muchos festivales y eventos culturales debieron ser cancelados tras el estallido social. A este escenario, hoy se añade la llegada de la pandemia del COVID-19 a Chile y una cuarentena que mantiene cerrados diversos centros culturales, museos, teatros y cines en todo país. Ante la baja de la actividad cultural presencial, el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio anunció que destinará 15 mil millones de pesos para apoyar a artistas y organizaciones ante la emergencia por el coronavirus. Pero, ¿cómo ha afectado esta crisis sanitaria a las artes escénicas en particular?

La suspensión de los montajes y el cierre de los teatros, como ocurrió con el TNCH, fueron algunas de las medidas que se tomaron para resguardar la distancia social y, con ello, la seguridad de las personas. “El impacto ha sido muy profundo, hay muchos compañeros y compañeras de trabajo que están pasando por períodos muy difíciles en cuanto a lo económico. El mundo de las artes escénicas se mueve muy informalmente, porque no puede hacerlo de otra manera. De hecho, las compañías de teatro profesionales financiadas de alguna parte, son prácticamente inexistentes. Entonces, no queda otra que trabajar muy precariamente, si uno quiere”, señaló Cristian Keim, actor y académico del Depto. de Teatro, que a mediados de enero asumió la dirección subrogante del TNCH.

No me siento nada extraño llegando al TNCH. Para mí, es una de mis casas. He trabajado varias veces allí, cumpliendo distintos roles como profesor, director y actor. En ese sentido, lo que más me motivó a aceptar este desafío fue el equipo que lo compone. A veces uno piensa en los teatros como si tuvieran vida propia, pero esto no es posible si no es por las personas que trabajan allí”, añadió el director (s) del Teatro Nacional Chileno, a quien la crisis sanitaria lo encontró trabajando, junto al equipo del TNCH, específicamente “en qué iba a hacer la Compañía del Teatro Nacional, en nuestros proyectos”, dice.

El TNCH tenía proyectada en su programación 2020 obras como Junto al lago negro, de la alemana Dea Loher; Animales invisibles, pieza protagonizada por los técnicos del teatro; Arder, sobre los “guetos verticales”; y Chiloé, cielos cubiertos de María Asunción Requena, así como un trabajo en alianza con el Departamento de Teatro que abordaría el primer aniversario del estallido social. Sin embargo, ante la actual crisis sanitaria, “los montajes se van a ver alterados por la imposibilidad de ensayar en cuerpo presente. Sé que hay gente que está trabajando vía plataformas digitales, pero el teatro se hace en presente, con los compañeros y compañeras. Entiendo que vamos a requerir de un tiempo para rearmarnos”, agregó.

Desde su perspectiva, ¿cómo esta crisis sanitaria ha impactado en las artes escénicas en general y, en ese contexto, qué le parece el anuncio que hizo el Ministerio de las Culturas, las Artes y Patrimonio, en relación a destinar recursos para enfrentar la baja de la actividad cultural presencial?

En estos momentos, muchos proyectos, espacios y trabajos se han visto suspendidos. Hay una crisis económica muy fuerte. Es un momento que nos está obligando a reflexionar más hondamente sobre lo que veníamos haciendo a partir del estallido social. Nos hemos tenido que quedar en casa y buscar nuevas formas de trabajo, de comunicación, además de valorar los espacios que teníamos. Tengo la impresión de que las artes escénicas van a salir fortalecidas de esto. Estamos aprendiendo a trabajar de otra forma.

Con el TNCH estamos muy en contacto con el grupo de la Red de Salas de Teatro y estamos haciendo un trabajo en conjunto. También desde la Red de Salas de Teatro se empujaron estas ayudas que están empezando a aparecer de parte del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio para las artes escénicas. Ayuda que a mí me parece, en términos económicos, bastante insuficiente y esto no tiene que ver con reclamar que se dé todo y llorar por llorar. La situación es muy grave y muy delicada. El arte es el alma de un pueblo. Es un lugar de reflexión, de profundo pensamiento y si eso desaparece, sobre todo en el complejo momento que vive el país, estaríamos en problemas. Por lo tanto, creo que tiene que haber un impulso mucho más claro y focalizado también a las personas. Siguiendo la lógica institucionalizante del Estado, las ayudas van a ir a lugares que representen una cierta institucionalidad, pero hay muchos hacedores y creadoras que van a quedar totalmente al descubierto y sin ningún amparo.

Últimamente se habla de la idea de “igualdad para todos” y de “todo para todos”. Me parece que hay que tener cierta precaución con esa idea, sobre todo porque hay gente e instituciones que tienen necesidades distintas. No los podemos tratar a todos por igual. Lo que ocurre es que cuando tú no tienes un contacto real con las personas y con las instituciones que hacemos cultura, es bien difícil saber qué efectivamente es lo que se necesita y se lanzan medidas generales.

En ese contexto, ¿cuál cree que es el rol que debe asumir el TNCH hoy, considerando, por un lado, la crisis social post 18 de octubre y, por otro lado, la crisis sanitaria por el COVID 19?

El TNCH es una institución que es muy querida, mucho más allá de las fronteras de la Universidad de Chile. Muchas veces uno, desde el interior, lo observa como otra entidad más de esta Casa de Estudios. El TNCH es transversal, la gente de teatro aprecia mucho ese espacio y nosotros estábamos trabajando en convertirnos en un espacio articulador y aglutinador de las artes escénicas, en que la gente de distintas disciplinas y miradas que trabajan el problema de lo escénico, se sienta acogida en este lugar. Y así poder responder al nombre que en un momento nos dimos, que es esta idea de “Nacional”. Tenemos distintos proyectos que apuntan a lo nacional, a compartir el conocimiento que se produce al interior de la universidad y al interior de este teatro con los teatros regionales, con los distintos centros culturales del país. Esa línea es la que nos estamos proponiendo seguir trabajando. Sabemos que la actual crisis por el COVID 19 se va a acabar y esperamos estar allí muy presentes en el momento en que eso ocurra y empezar a reabrir nuestros espacios.

¿De qué manera la programación proyectada para este 2020, por ejemplo, u otras iniciativas en las que pudieran estar trabajando, permitirán aportar a las discusiones sociales que hoy son parte de la agenda nacional, sobre todo considerando que se trata de una institución que próximamente celebrará 80 años de vida?

Es una programación que se hace eco de lo que está ocurriendo en el país. Creo que en la línea editorial que vamos a ir instalando eso se debiese seguir ahondando, para que el presente, la conversación de la calle, esa reflexión que no está dentro del mercado intelectual televisivo, esté puesta sobre el escenario.

Desde esa perspectiva, me parece que es muy relevante que una institución cultural en Sudamérica, como lo es el TNCH, cumpla 80 años. Esta es una oportunidad que no podemos dejar pasar como universidad. En un país con apenas 200 años de historia, que tengamos una institución del teatro que haya prevalecido durante 80 años y que además esté inserta en el barrio cívico de nuestro país, es muy importante. Las actividades que se van a venir como parte del cumpleaños del TNCH, yo espero que estén a la altura de aquello y que la Universidad de Chile nos apoye en lo que estamos diseñando. Somos el primer teatro profesional de Chile, ese escenario ha tenido a muchos Premios Nacionales, obras de teatro importantísimas, ha marcado la historia del país. Eso hay que resaltarlo y celebrarlo.

Por la emergencia sanitaria, el TNCH mantiene sus puertas cerradas al público. ¿Se prevé alguna proyección en torno al funcionamiento de la sala?

No, no tenemos claridad al respecto. Estamos trabajando con las indicaciones que se nos van sugiriendo día a día. Estamos asesorados por infectólogos e inmunólogos de nuestra universidad respecto de las medidas que tenemos que ir tomando como espacio público. Pero suponemos que esto no va a ser breve y, a penas tengamos cierta claridad, lo anunciaremos. Pero en principio estamos en la misma incertidumbre que está todo el mundo y lo que estamos haciendo es trabajar desde ahí con buen sentido del humor y resistir todo lo que podamos, para que en el momento en el que se reabran las puertas podamos ser un aporte. La reflexión que tiene que surgir de estos meses de encierro y de silencio, tiene que ser muy potente. Estoy seguro que las artes escénicas la van a reflejar.

Hay demasiadas cosas en nuestras cabezas, en nuestros cuerpos que están imposibilitados de ser expresadas, que una plataforma digital o una conversación telefónica, no lo resiste. Siempre pienso en el teatro con esta analogía: uno puede encargar la mejor pizza congelada del planeta, pero una pizza recién hecha por alguien que sabe hacerla, es insuperable. La comida fresca, intelectual, sensible que nos va a llegar después de este tiempo y ese espacio de aporte que van a hacer las artes escénicas, puede que esté bien maravilloso porque además nos está obligando como sociedad a mirarnos más generosamente los unos a los otros. Estoy en una frecuencia muy esperanzadora, pero prefiero estar allí que en una autodestructiva o deprimente. Como pueden surgir muy malas cosas de esto, pueden aparecer otras muy positivas. Espero que predominen éstas.


Por Constanza Romero Lecourt – Facultad de Artes / U. de Chile. Fotografía: Comunicaciones TNCH.

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