• junio 19, 2019
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La violación de mujeres como arma de guerra: una infamia que sigue teniendo víctimas

La violación de mujeres como arma de guerra: una infamia que sigue teniendo víctimas

La violencia sexual contra mujeres durante los conflictos armados fue una constante en la historia de la humanidad. Si bien la comunidad internacional ha tomado conciencia de su gravedad, los casos en el sudeste asiático, España y Suramérica demuestran que el problema no está resuelto.

por Socio Informativo
Agencia de Noticias Sputnik

La violencia sexual fue una triste tradición en los conflictos armados durante la historia de la Humanidad. Cuando un ejército conquistaba un territorio, sus soldados solían saquear los centros poblados, apoderarse de comida y objetos de valor y terminaban su imposición cometiendo violaciones contra mujeres y niñas.

La reiteración de este tipo de crímenes en los conflictos hizo que el tema fuera analizado por la comunidad internacional en 1949. Ese año se firmó el ‘Convenio de Ginebra relativo a la protección de personas civiles en tiempos de guerra’ que, aunque escueta, hacía referencia a las agresiones sexuales sufridas por las mujeres.

«Las mujeres serán especialmente protegidas contra todo atentado a su honor y, en particular, contra la violación, la prostitución forzada y todo atentado a su pudor», establecía el artículo 27 del convenio.

No fue hasta 2008 que el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas logró emitir una declaración para condenar el uso de la violencia sexual como una ‘táctica de guerra’ por parte de los bandos en un conflicto.

Aquella resolución condenaba el uso de la violencia sexual «como táctica de guerra dirigida deliberadamente contra civiles o como parte de un ataque generalizado o sistemático contra las poblaciones civiles» y llamaba a los países a adoptar medidas para combatirla.

El Consejo de Seguridad sostuvo en esa oportunidad que «la violación y otras formas de violencia sexual pueden constituir un crimen de guerra, un crimen de lesa humanidad o un acto constitutivo con respecto al genocidio» y solicitó a la comunidad internacional que las agresiones sexuales sean excluidas de los acuerdos de amnistía en la resolución de los conflictos.

En el marco de la creciente preocupación por este tipo de crímenes, Naciones Unidas decidió en 2015 fijar el 19 de junio como el ‘Día internacional para la eliminación de la violencia sexual en los conflictos’, en honor a la fecha en la que se firmó la resolución del Consejo de Seguridad en 2008.

A pesar de que existe una mayor conciencia de que la violencia sexual constituye un crimen de guerra, pueden encontrarse algunos antecedentes de su uso sistemático durante conflictos en la historia reciente.

Japón y sus ‘estaciones de consuelo’ en la Segunda Guerra Mundial

Uno de los más paradigmáticos es el de las ‘estaciones de consuelo’ establecidas por el Ejército Imperial Japonés durante la Segunda Guerra Mundial. Lo que comenzó como un esquema de prostitución ‘voluntaria’ para proveer de servicios sexuales a los soldados japoneses, prontamente se convirtió en una red de secuestro y violación sistemática de mujeres en los territorios ocupados por Japón.

La primera ‘estación de consuelo’ se instaló en 1939 en los territorios ocupados por Japón en Shangái. La expansión del ejército japonés en el sudeste asiático pronto requirió la instalación de nuevas estaciones, por lo que los japoneses comenzaron a secuestrar a las mujeres de los territorios ocupados para obligarlas a realizar servicios sexuales a los combatientes.

Las estimaciones más alarmantes señalan que durante esa época Japón llegó a esclavizar a unas 200.000 mujeres, especialmente coreanas, chinas y filipinas. También sufrieron la violencia sexual sistemática mujeres de Taiwan, Birmania, Indonesia e incluso Australia.

El franquismo y la violación de mujeres en las cárceles

En 2016, la organización internacional Women’s Link Worldwide presentó en Argentina una denuncia por crímenes de género cometidos en España por la dictadura de Francisco Franco.

En aquel momento, la organización presentó una denuncia con testimonios presentados por seis mujeres (una víctima directa y cinco descendientes de víctimas) denunciaron abusos sexuales, secuestros de niños y abortos forzados y métodos de torturas como descargas eléctricas en los genitales o purgas con aceite de ricino.

Los vejámenes solían darse en las propias cárceles, donde los soldados franquistas tenían libre acceso con el fin de abusar sexualmente de las mujeres privadas de libertad.

Mujeres colombianas abusadas sexualmente en las zonas de conflicto

Surámerica no ha sido la excepción y en 2017 la ‘Encuesta de prevalencia de violencia sexual en contra de las mujeres en el contexto del conflicto armado colombiano (2010-2015)’ reveló que durante ese período 875.437 mujeres «fueron víctimas directas de algún tipo de violencia sexual» en los 142 municipios en los que estuvo presente la fuerza pública, la guerrillas o las bandas criminales denominadas ‘Bacrim’.

El estudio, promovido por varias organizaciones en el marco de la campaña ‘Violaciones y otras violencias: saquen mi cuerpo de la guerra’, arrojó que el 45,2% de las mujeres encuestadas habían sufrido acoso sexual y un 16,8% habían sido violadas. La prostitución forzada y el aborto forzado son otros de los delitos que las mujeres sufrieron con frecuencia durante el conflicto.

Las dictaduras de Chile, Argentina y Uruguay y las violaciones en centros de detención

Las dictaduras latinoamericanas de la década del 70 también incurrieron en los crímenes sexuales contra las mujeres, en el marco de sus planes de represión contra organizaciones y militantes de oposición.

En 2004, la Comisión nacional sobre prisión política y tortura de Chile presentó un informe sobre los delitos cometidos por la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990). El estudio reservaba un capítulo específico a la violencia sexual contra las mujeres detenidas, consignando que 316 mujeres entrevistadas dijeron haber sido violadas por agentes de la represión. De todos modos, el informe concluye que la cifra real fue «muy superior».

En Argentina, recientemente se inauguró la muestra ‘Ser mujeres en la ESMA, testimonios para volver a mirar‘ en la sede de la antigua sede de la Escuela de Mecánica de la Armada, uno de los centros de detención clandestino más característicos de la dictadura argentina (1976-1983).

La muestra recoge los testimonios de 28 mujeres que estuvieron detenidas en el centro y fueron violadas por sus carceleros.

Las mujeres uruguayas también sufrieron experiencias similares durante la última dictadura en ese país (1973-1984). En 2011, 28 mujeres presentaron ante la Justicia una denuncia por haber sido víctimas de violación y torturas de índole sexual dentro de los centros de detención clandestinos.

Muchas de las mujeres que sufrieron este tipo de crímenes a lo largo de la historia murieron o debieron rehacer su vida sin poder reclamar justicia. Para Naciones Unidas, en este 2019 es preciso abordar el tema con «un enfoque centrado en el superviviente», ya sea con asistencia médica, psicológica, sexual y reproductiva y de justicia para poner «fin a la impunidad de los perpetradores».

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